Perspectivas Urbanas / Urban Perspectives

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Ana de Lourdes Ribeiro da Costa *
LA CIUDAD COLONIAL BRASILEÑA Y LA IGLESIA CATÓLICA


La ciudad colonial portuguesa: investigaciones

En los estudios sobre la ciudad colonial portuguesa es importante remarcar la sombra persistente que la ciudad de fundación española ha proyectado sobre ellos. Hablando específicamente del debate sobre la ciudad colonial brasileña, decimos que empieza prácticamente, en torno de la cuestión de las diferencias de procedimiento entre Portugal y España con relación a la fundación de sus ciudades coloniales. Según sus autores, los portugueses habrían hecho un urbanismo espontáneo, mientras que los españoles habrían planeado sus ciudades a través de leyes muy bien determinadas. Es la clásica contraposición entre lo “espontáneo” y lo “planeado” (HOLANDA, 1983; AZEVEDO, 1956; SANTOS, 1968). Tuvo su importancia por el hecho de plantear el tema de la ciudad colonial por primera vez, pero esta tesis ha sido siempre muy dependiente de los criterios de interpretación del urbanismo hispanoamericano. Está centrada en el momento de fundación de las ciudades y atiende excesivamente al trazado.

Podemos identificar un segundo grupo de investigadores que tienen como centro de sus preocupaciones la intención de negar la clásica tesis de la contraposición entre lo “planeado” y lo “espontáneo” y, que más recientemente, han planteado la existencia de una “política de urbanización” por parte de Portugal, con el propósito de controlar y reglamentar los procesos urbanos (CARITA, 1998). Estos estudios intentan mostrar que además de haber por parte de Portugal una política de ocupación del territorio de sus colonias, hubo también una “política de urbanización”. Esta política no estaba basada en un cuerpo de reglas muy bien definidas, como en el caso español de la Ley de Indias, pero debe ser entendida como una serie de “criterios”, definidos con el objetivo de promover un cierto control de la estructura física de sus pueblos y ciudades. Este planteamiento deriva también de la misma comparación entre el urbanismo colonial portugués y el español, o sea que sigue aún demasiado influido por el ejemplo hispanoamericano.

Considero que son aún insuficientes las informaciones sobre la ciudad colonial portuguesa, básicas para la comprensión de su configuración espacial. La sombra de la ciudad regular hispana ha impedido, de algún modo, el avance de los estudios. En las ciudades brasileñas el momento fundacional no tiene el peso que tiene en las ciudades regulares españolas. Los procesos que se desarrollaron a lo largo de un arco histórico amplio, las superposiciones a través del tiempo, fueron más importantes que ese momento fundacional. Y el momento potencialmente más rico es sin duda el siglo XVIII.

Recientemente algunos investigadores han destacado la necesidad de estudiar la relación entre el espacio urbano y la Iglesia Católica, o sea, el papel de la Iglesia en la configuración espacial de los pueblos y ciudades del período colonial. En ese sentido, cabe destacar el trabajo prácticamente en solitario del profesor Murillo Marx (MARX, 1989), en lo cual plantea una vía para analizar y comprender la ciudad colonial brasileña que necesita aún ser profundizada. Defiende la tesis de que el fuerte vínculo establecido entre la Corona Portuguesa y la Iglesia Católica para la colonización de sus territorios de ultramar, tuvo efecto directo en los núcleos urbanos. La tenue frontera entre el poder del Estado y el de la Iglesia, principalmente en lo que respecta a legislación, ha condicionado la estructura urbana de los pueblos coloniales. Demuestra que la iglesia matriz fue la base del surgimiento de muchos de los pueblos del período colonial brasileño.

Es cierto que la importancia de la Iglesia no fue algo específico de Brasil. El papel desempeñado por la Iglesia fue importante desde la Edad Media en toda Europa, y se prolongó con gran potencia en el mundo católico de la Edad Moderna. Pero en Brasil el fenómeno adquirió una profundidad y una duración más notable que en otros lugares. Por una parte, el crecimiento urbano y la ausencia de otras regulaciones hace de la Iglesia un agente mucho más decisivo. Por otra parte, la Iglesia prolonga su influencia de forma muy efectiva hasta la proclamación de la República en 1889. Cabe destacar que en Brasil no hubo proceso de desamortización. Esto tiene dos consecuencias fundamentales: la Iglesia ha mantenido en gran parte sus derechos sobre el suelo urbano, y ha mantenido sus archivos vivos y en buen orden.



Considerando la gran importancia que tuvo la Iglesia Católica en el proceso de configuración de los núcleos urbanos coloniales brasileños, lo que aquí se propone es estudiar el papel de la Orden Religiosa de los Benedictinos en la estructuración del espacio urbano en la ciudad de Salvador de Bahía. Se intenta comprender la manera mediante la cual los Benedictinos influyeron en el proceso de desarrollo urbano de esta ciudad durante el siglo XVIII. Entender cuáles fueron las estrategias utilizadas por los monjes para el arrendamiento de sus tierras y qué instrumentos jurídicos utilizaron.

Entre las órdenes religiosas que se establecieron en Salvador de Bahía, en un total de diez, las más importantes fueron los jesuítas, carmelitas, benedictinos y franciscanos. La elección de la Orden de los Benedictinos como objeto de trabajo, fue debido a dos cuestiones principales: la primera es su gran patrimonio territorial. La formación de este patrimonio empezó en el momento de su establecimiento en tierras brasileñas, cuando obtuvieron la primera donación en 1580 antes mismo de la llegada de los monjes y construcción de su monasterio. A partir de este momento y durante todo el siglo XVII, los Benedictinos consiguieron acumular una gran riqueza en tierras, principalmente localizadas alrededor de su monasterio. La segunda cuestión es el hecho de que la extensión de estas tierras, en el siglo XVIII, abarcó aproximadamente la mitad del área urbanizada de la ciudad. Por lo tanto, el hecho de ser grandes propietarios de tierras “urbanizables”, hace de los Benedictinos agentes importantes en el proceso de configuración del espacio físico de Salvador de Bahía. Los Benedictinos, además de propietarios de tierras, también fueron dueños de gran número de casas en Salvador de Bahía, por lo tanto se busca conocer la extensión de ese patrimonio e comprender la sistemática del alquiler, investigando también el papel de los Benedictinos como “agentes inmobiliarios”.

Obviamente, el proceso de desarrollo urbano es sumamente complejo, y en él entran en juego diversos agentes con diversos intereses. Al centrar la mirada en el papel de la Iglesia en el proceso de urbanización de las ciudades coloniales, se busca perseguir un hilo aún poco explorado, para intentar aclarar la enmarañada trama de las formaciones urbanas.


Corona Portuguesa y la Iglesia en la expansión ultramarina: la fundación de Salvador de Bahía

El fuerte vínculo entre el Estado Portugués y la Iglesia Católica empieza al inicio de los descubrimientos portugueses, en el siglo XV. Ese vínculo se convirtió en oficial con la creación del Patronato, lo cual resumidamente significa la concesión de la jurisdicción espiritual de las tierras conquistadas, qua la Iglesia Católica hace a Portugal. Era una mezcla de derechos e deberes, según los cuáles Portugal tenía la responsabilidad de mantener el clero y impulsar la institución de la Iglesia Católica en su vasto Imperio Ultramarino, a cambio era concedido al Estado Portugués el privilegio de cobrar el diezmo eclesiástico. La Iglesia fue uno de los agentes de financiación del proyecto de expansión marítima de Portugal. El vínculo establecido a partir de entonces asumió un fuerte carácter, llegando muchas veces a confundirse el poder de la Corona Portuguesa y el poder de la Iglesia en las tierras conquistadas. La difusión de la fe cristiana fue uno de los objetivos principales que impulsaron los descubrimientos portugueses. En el documento de fundación de la ciudad de Salvador de Bahía, el rey de Portugal, D. João III, expone muy directamente que el principal motivo para poblar las tierras brasileñas era la conversión del indígena a la Santa Fe Católica. Esos límites poco definidos entre Estado y Iglesia, acabaron por ser fundamentales en el proceso de organización territorial de Brasil.

Salvador de Bahía fue fundado en el año de 1549, por orden del rey de Portugal D. João III. Su fundación estaba íntimamente conectada con la nueva organización administrativa que el gobierno portugués determinó para su colonia brasileña, por lo tanto debe ser entendida en el ámbito más amplio de las decisiones políticas relacionadas con el sistema colonial. La ciudad fue fundada para garantizar la posesión del territorio y promover la población de la colonia, o sea, para ser la cabeza de una red de ciudades y poblaciones que deberían ser fundadas. Salvador de Bahía fue el centro del poder temporal, como sede del gobierno general de la colonia brasileña, y también centro del poder espiritual, como sede del primer obispado de Brasil. Fue fundada para ser centro del comercio, a través de su puerto, tanto de las rutas internas de la colonia, como de las rutas externas que conducían a Lisboa y al Oriente. Fue fundada para ser la capital del Imperio Occidental Portugués. La Iglesia Católica estuvo presente en la ciudad de Salvador de Bahía desde el momento de su fundación. Con el gobernador general en 1549 vinieron los jesuitas, que se convirtieron en la primera orden religiosa establecida en suelo brasileño. La Iglesia Secular también estuvo presente en su fundación a través de la llegada de algunos curas, mientras tanto el primer obispado fue creado en el año de 1551, lo cual quiere decir que las órdenes religiosas se establecieron en la ciudad anteriormente a la Iglesia Secular.

Dentro de la estructura de la Iglesia Católica, destaca el papel de las órdenes religiosas. Ellas fueran grandes colaboradoras en el proceso colonizador portugués, con la principal función de ejercer el culto divino y propagación de la fe cristiana, a través de la conversión del indígena. Además de los jesuitas, tres otras órdenes religiosas se establecieron en la ciudad en el siglo XVI, o sea, en las primeras décadas después de su fundación: los benedictinos, en 1582; los carmelitas, en 1586 y los franciscanos, en 1587. En la localización de sus monasterios en la ciudad de Salvador de Bahía, un hecho llama la nuestra atención: la localización en forma de cruz. Son dos ejes que se entrecruzan siguiendo aproximadamente los puntos cardinales: jesuitas y franciscanos, en el eje norte-sur; benedictinos y carmelitas en el eje este-oeste.

Las órdenes religiosas consiguieron acumular un gran patrimonio en tierras, principalmente a través de donaciones de los fieles. Esta riqueza convirtió a las órdenes en poderosos agentes económicos. Las donaciones de tierras en el entorno de los núcleos urbanos, hicieron que las órdenes se transformasen en uno de los agentes determinantes en el proceso de parcelación del suelo urbano y del crecimiento físico de las ciudades. Con toda probabilidad, se puede decir que la parroquia y la iglesia matriz están en el origen del pueblo y luego de la ciudad, mientras que las órdenes religiosas por su posición estratégica en distintos puntos periféricos fueron agentes fundamentales de su expansión y, por lo tanto, de su forma urbana.


Los Benedictinos y el espacio urbano: Salvador de Bahía, siglo XVIII

El siglo XVIII es considerado el “siglo de oro” de la ciudad de Salvador de Bahía, por su gran prosperidad económica y por su crecimiento urbano. En este período fueron construidos sus edificios importantes, que hoy forman parte del patrimonio histórico del Brasil colonial, a la vez que la ciudad se extendió más allá del perímetro inicial. El comercio era la principal fuente de riqueza de la ciudad, con la exportación del pau-brasil, azúcar, tabaco, algodón, y la importación de productos manufacturados llegados de Portugal y de Oriente. La ciudad era también el mayor centro de mercado de esclavos africanos. El inicio del siglo estuvo marcado por la consolidación de Salvador de Bahía como ciudad mercantil, cuya influencia se extendía por un vasto territorio. Sumándose a todo eso, el importante acontecimiento económico del descubrimiento del oro en las tierras del centro de Brasil, a finales del siglo XVII, trajo consecuencias positivas para la ciudad de Salvador de Bahía. Esta desempeñó el papel de centro suministrador de mercancías, alimentos y mano de obra esclava para esta región. Desde el punto de vista político-administrativo, un hecho importante tuvo lugar en el inicio del siglo XVIII. Salvador de Bahía, que ya era sede del gobierno general desde su fundación, pasó a ser sede del virreinato de Brasil, creado en 1714. A través de esta medida Portugal dirigía, casi totalmente, sus intereses hacia su colonia brasileña, pues el monopolio del comercio de sus posesiones en las Indias Orientales, ya había entrado en decadencia.

La primera donación de tierras recibida por los Benedictinos determinó el lugar para la implantación de su monasterio, a la vez que condicionó las posteriores donaciones, que se fueron concentrando alrededor del monasterio. Las informaciones contenidas en los documentos no permiten aclarar si el sitio para la implantación de su monasterio fue escogido por los propios monjes. Lo que sí es posible afirmar es que este lugar fue fundamental en el proceso de configuración del espacio urbano de Salvador de Bahía. El crecimiento de la ciudad en la dirección sur se extendió por estas tierras, siguiendo el camino que conducía a otro pequeño núcleo de población, la Vila Velha. En 1584 los Benedictinos recibieron otra importante donación de tierras del terrateniente Gabriel Soares de Souza. La ocupación de estas tierras empezó en las primeras décadas del siglo XVIII y vino a ser, prácticamente, la principal área de crecimiento de la ciudad en este período, como también de mayor rentabilidad para los monjes a través de los aforamientos (enfiteusis). Los Benedictinos recibieron también tierras localizadas en el área de Preguiça, Piedade, Ladeira do Alvo y Graça. El área de Graça, una de las mayores donaciones de tierras recibida por los Benedictinos, fue uno de los polos de crecimiento urbano de la ciudad en el siglo XIX.

Según las determinaciones del derecho canónico, solamente era permitido a los Benedictinos enajenar sus posesiones a través del instrumento jurídico de la enfiteusis, o sea, apenas podrían ceder el dominio útil, continuando como los verdaderos propietarios. De esta manera el aforamiento de sus tierras fue la estrategia utilizada por los monjes para hacerlas rentables. A través del arrendamiento los monjes recibían el pago anual de un censo y fue principalmente en función de la determinación del valor del censo que ha permitido a los Benedictinos ejercer el control sobre las edificaciones en la ciudad de Salvador de Bahía.

Desde el momento de las primeras donaciones de tierras en el siglo XVI la opción del aforamiento ya estaba delineada, pero fue a lo largo del siglo XVIII que esa práctica adquirió su mayor utilidad. El aforamiento de las tierras fue tan importante para los Benedictinos que, durante el siglo XVIII, ésta fue su principal fuente de ingresos, superando el lucro obtenido con sus ingenios de azúcar y haciendas. A través del análisis de los contratos de arrendamiento de las tierras urbanizables de los Benedictinos, es posible conocer en detalle el proceso de parcelación y ocupación del suelo en un área clave de crecimiento de la ciudad de Salvador de Bahía.

La dinámica del proceso de parcelación del suelo urbano dependió más de las necesidades inmediatas determinadas por los propios habitantes, que por criterios preestablecidos a través de planos. En los contratos de aforamientos estaba explícito la utilización de la tierra, el tipo de edificación que sería construida, por ejemplo, “casa térrea” o “sobrado”, como también el material de construcción: “pedra e cal” o “taipa de mão”. Eso hacia posible a los Benedictinos el control de las edificaciones que serían construidas, principalmente con relación a la tipología arquitectónica y la técnica constructiva. Cualquiera alteración en las edificaciones debería ser comunicada a los Benedictinos, permitiendo a los monjes el control de las alteraciones en la configuración del espacio físico de Salvador de Bahía a lo largo del tiempo.

El papel de los Benedictinos en la configuración del espacio urbano de Salvador de Bahía fue más fuerte debido al débil papel desempeñado por el poder público. La actuación del Ayuntamiento en las cuestiones del espacio urbano fue poco relevante, pues esta no era su principal atribución, por lo tanto no hubo un control efectivo sobre su configuración física. Los límites entre el espacio público y el privado en la ciudad colonial brasileña fueron poco claros, en virtud de lo cual muchos de los aspectos referentes a la urbanización estuvieron en las manos de sus habitantes. En los contratos de aforamientos es posible demostrar que muchas veces la decisión de la abertura de calles dependía de la voluntad e interés de sus habitantes.

El otro punto de actuación de los monjes Benedictinos en la ciudad de Salvador de Bahía fue a través de su patrimonio de casas. Las donaciones de los fieles no fueron tan solo en tierras, los monjes recibieron también una gran cantidad de casas, principalmente en los siglos XVII y XVIII, las cuales contribuyeron para el aumento de su patrimonio, a la vez que trajeron grandes rendimientos para los monjes a través de sus alquileres. En la mitad del siglo XVIII los Benedictinos poseían un total de 87 edificaciones, muchas de las cuales fueron subdivididos aumentando el número de unidades disponibles para el alquiler. Ese gran número de inmuebles urbanos hizo de los Benedictinos uno de los principales agentes del mercado de alquiler de la ciudad. El análisis de los documentos investigados trajo a la luz la existencia de un importante mercado inmobiliario en la ciudad de Salvador de Bahía desde el inicio del siglo XVIII. La inversión de capitales en inmuebles urbanos no fue una estrategia utilizada solamente por los más ricos. Encontramos también personas pertenecientes a los estratos sociales más bajos, tales como artesanos o personas liberadas de la esclavitud, que invertían sus ahorros en inmuebles urbanos.

Para concluir me gustaría resaltar que la prioridad del estudio de la Orden Religiosa de los Benedictinos hizo posible una aproximación al conocimiento del proceso de crecimiento físico de una determinada área de la ciudad de Salvador de Bahía, entretanto nuevas líneas de investigación se abren desde aquí. Considero que la investigación sobre otras ordenes religiosas, principalmente las establecidas en las primeras décadas de fundación de la ciudad: los jesuitas, carmelitas y franciscanos, puede completar, o bien ampliar, la comprensión sobre el proceso de crecimiento urbano de Salvador de Bahía en el período colonial.


BIBLIOGRAFÍA
AZEVEDO, Aroldo de. Vilas e cidade do Brasil colonial; ensaio de geografia urbana retrospectiva. São Paulo, Faculdade de Filosofia, Ciências e Letras, USP, Boletim nº208, 1956.

CARITA, Helder; ARAUJO, Renata (coord). Colectânea de Estudos. Universo Urbanístico Português, 1415-1822. Lisboa, Comissão Nacional para as Comemorações dos Descobrimentos Portugueses, 1998.

COSTA, Ana de Lourdes Ribeiro da. Salvador, século XVIII: o papel da Ordem Religiosa dos Beneditinos no processo de crescimento urbano. Barcelona, Universitat Politècnica de Catalunya, 2003 (Tese de Doutorado).

HOLANDA, Sérgio Buarque de. Raízes do Brasil. (1ª ed. 1936) Rio de Janeiro, José Olympio, 1983, 16ª ed.

MARX, Murillo. Nosso chão: do sagrado ao profano. São Paulo, Editora da Universidade de São Paulo, 1989.

SANTOS, Paulo F. Formação de Cidades no Brasil Colonial. Coimbra, V Colóquio Internacional de Estudos Luso - Brasileiros, 1968.

(*) Profesora de la Faculdade de Arquitectura e Urbanismo. Universidade Federal da Bahia, Brasil